raúl jardón

Paco Ignacio Taibo II escribió el 2 de octubre de 2007 en la Jornada lo siguiente: “¿Cuántos años debes tener para ser veterano del 68? No menos de 55, y eso si eres un veterano junior y tenías 14 o 15 años cuando se produjo el movimiento, como Luis Gómez, que estudiaba en una prevocacional, el miembro más joven del CNH…”

Raúl Jardón uno de los líderes del movimiento se dio a la tarea de escribir una memoria del movimiento apoyada en entrevistas a los participantes militantes del movimiento del 68, con la finalidad de reproducir los testimonios que dieran cuenta de la amplitud, de la diversidad, de las múltiples tendencias e interpretaciones que convivieron y se organizaron en una huelga universitaria y de la educación superior que alcanzó dimensiones nacionales e internacionales. Dejamos aquí nuestro testimonio.

R.J ¿Cuál y cómo fue tú participación en los entramados y las peripecias de nuestra movilización política estudiantil de 1968?

La huelga de los más chavitos

L.G Para que la prevocacional dos se integrara al movimiento del 68 se requirió que vinieran brigadas de estudiantes de las vocacionales y de las escuelas superiores del Politécnico a hablar con nosotros, a hacer asambleas, a informarnos y a ayudarnos a organizarnos para participar en el movimiento, y ya con eso cobramos impulso. Además, se dio con el apoyo de los padres de familia que rapidísimamente hicieron una reunión, por ahí de los primeros días de agosto, en la cual constituyeron una asociación de padres apoyando al movimiento estudiantil; a mí me sorprendió mucho, porque yo pensé que los padres iban a tener una actitud muy conservadora y no, inmediatamente apoyaron el pliego petitorio, apoyaron a los estudiantes, nos ayudaron a formar brigadas y a conseguir elementos para la movilización, papel, alimentos, etcétera.

Fue una situación muy particular, porque obviamente en la prevocacional estábamos hablando de niños desde 11 años, hasta niños de 16 años; no recuerdo muy bien el número de estudiantes de la prevocacional, pero deber haber sido unos 500 o 600 estudiantes en las primeras asambleas y, ya en el transcurso del movimiento, las asambleas con los estudiantes oscilaban entre 100 y 150 estudiantes.
Las asambleas que se convocaban durante el movimiento tenían esa asistencia porque muchos estudiantes no venían, sus papás seguramente les decían no vayan, sin embargo, era un número importante.

Yo recuerdo que durante noches había guardias de unos 40 o 50 estudiantes ahí de la prevocacional y venían también de las vocacionales a apoyarnos.

Un adolescente en el Consejo Nacional de Huelga

En el Consejo yo reaccionaba con cierta timidez, porque te impone y te asombra la capacidad y elocuencia de algunos estudiantes de esa época, sin embargo, también fue una especie de escuela, porque había gente que se nos acercaba de los diferentes grupos, se interesaba de cómo estaban las cosas. En momentos de información en la orden del día, uno tenía, uno tenía que dar la información con respecto a la situación que había en la prevocacional, y era un cierto entrenamiento el que se daba ahí; te exigía hablar, decir, informar mencionar los acuerdos; si la escuela había votado en favor o en contra de las propuestas y yo sentía que sí tenía un papel ahí, aunque mínimo; era una combinación de sensaciones, había una cierta reacción de timidez, pero también había sorpresa y sentía uno que estaba dentro de un proceso extraordinario, de una situación inusitada, en cierta medida festiva y, al mismo tiempo, con el temor que puede dar el hecho de que no sabes muy bien hacía dónde van las cosas, de que todo mundo te está diciendo: ¡aguas, porque puede venir la represión!, de que tus padres estaban inquietos y no entendían muy bien porque estabas metido en eso.

Por fortuna, en el caso de mis padres, si bien me expresaban sus temores, me dejaban hacer, nunca me dijeron te quedas aquí y no sales y no vas, cosa que podrían haber hecho de una manera autoritaria, pero no lo hicieron.

El impacto del 2 de octubre y la toma de la prevocacional

Después de la matanza del 2 de octubre, esa noche yo no regresé a la escuela, me fui a mi casa y en la mañana temprano recuerdo haber visto en el Excélsior y recuerdo haber leído con mucho detenimiento las noticias: se hablaba de 30 muertos, ésa era la cifra que daba el periódico, y recuerdo otras noticias del periódico, como la renuncia de algunos funcionarios de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes por haber dejado pasar la información sobre los acontecimientos de manera internacional.

Todavía regresamos a la escuela el 3 para tratar de tener la información; la información, evidentemente, era alarmante; se empezaron a hacer listas de compañeros que estaban desaparecidos o que no se les localizaba; algunos que no sabíamos si habían ido o si no a la plaza. Empezó una actividad muy frenética de localización de personas, de números de teléfono. Dos días después, por la noche-_ yo no estaba en la escuela porque me había tocado la guardia anterior y salí a las seis de la mañana y de la guardia me fui a mi casa_ entró la policía a ala escuela, que estaba a un lado de la fábrica de chocolates Sanborns; teníamos una buena relación con los obreros de Sanborns porque durante todo el movimiento se asomaban y nos tiraban barritas de chocolate, bolsas de dulce, siempre muy solidarios con nosotros, pero la policía utilizó las instalaciones de la fábrica de Sanborns para penetrar en la escuela por la parte de atrás, se llevaron a un grupo de gentes, creo que no consignaron a nadie y permanecieron en la escuela cerca de 30 días.

Las demandas del movimiento

En algún momento, ya años después tuve la oportunidad de estar con estudiantes franceses; no podían creer que ese fuera el pliego petitorio del movimiento estudiantil, les parecía tan ínfimo, tan pequeño, pero yo les decía que la verdad era que en las condiciones del sistema político mexicano de esa época, el pliego petitorio era profundamente subversivo, porque estábamos hablando de las libertades democráticas más esenciales, y particularmente frente a un sistema de partido único, que tenía ya en ese entonces 40 años de estar funcionando sin interrupción, y, al mismo tiempo, se trataba de una juventud que no tenía canales de expresión de ninguna naturaleza. No en balde posteriormente cambió el discurso, no la sustancia ni los hechos, pero cambió el discurso del Estado en términos de la necesidad de una apertura democrática, que no es sino una confesión de parte en términos de la cerrazón y del autoritarismo prevaleciente en esa época.

La necesidad de que se sepa toda la verdad sobre el 68

No hay versiones completas de lo que sucedió realmente en el 68. Tenemos múltiples versiones, pero falta documentar el conjunto de lo que sucedió en el 68; por eso se habla de la necesidad de abrir los archivos oficiales, ya que en México se carece de la figura de la obligatoriedad para el Estado de abrir ciertos archivos después de un cierto número de años, ésa es una práctica de países que se dicen democráticos, porque finalmente los archivos son públicos o tienen que ser públicos, y teóricamente, el gobierno generalmente pertenece a partidos distintos del de hace 25 años, pero ése no es el caso nuestro, por eso es que existe el temor de que estos archivos se abran.

El significado profundo de hacer esto, es la libertad de información y la libertad de la población para conocer de manera íntegra su historia; no quiere decir que vaya a haber una sola versión de la historia, pero sí quiere decir que hay una historia que no está totalmente construida y que, democráticamente hablando, una nación que conoce su historia es una nación más libre, una nación que oculta o niega su historia es una nación que vive en un estado incluso de autocensura y que acepta de alguna manera la imposición autoritaria de un régimen que no está dispuesto a que se conozca la verdad en su territorio.

luis e gomez sociologo mexico unam

Dr. Luis E. Gómez
Sociólogo mexicano especialista en temas de teoría social contemporánea.

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